Autor: arturo durán
3
dic
Hoy es protagonista la bancada del Partido Nacional. El que será partido gobernante apoya en el Congreso de Honduras la destitución del presidente Zelaya.
Implacable, el polémico primer golpe de Estado/cuartelazo de la era de las comunicaciones en América Latina sigue así su marcha lógica. El reconocimiento del gobierno norteamericano a las recientes elecciones tiene como efecto perverso que hoy todo vale en el complejo contexto de la ‘golpeada’ institucionalidad hondureña. A unas pocas cuadras, en Tegucigalpa, el presidente del país permanece en la Embajada de Brasil. El departamento de Estado no parece mostrar sentido de la escenografía; de otra forma captaría la rareza de la situación en la que se ha ido involucrando desde su más reciente giro político y que lo deja, al final, en una foto con la derecha y el golpismo. Su avanzada en Colombia y ahora en Honduras pone en guardia a la región - no sólo a los del ALBA.
Que la bancada del Partido Nacional apoye hoy la destitución del presidente Zelaya es una vuelta de tornillo extra al golpe dado por Micheletti y no hace más que ahondar la precariedad institucional que sigue al golpe - ni hablar de legitimidades o del uso de las 'programadas' elecciones para tapar la escenografía del golpe. Si la derecha hondureña insiste - pronto habrá que reconocer que – en comparación – su vecino Daniel Ortega parecerá un demócrata íntegro. Estado Unidos, por su lado, parece tener en mente por sobre todo reforzar tradicionales alianzas con las derechas más que el apoyo a democracias y estados de derecho en la región. No es la primera vez pero hasta hace sólo algunas semanas primaba esta vez la expectativa de un rol progresista y no injerencista.
Autor: arturo durán
15
ago
Tras escuchar las exitosas y decisivas intervenciones del Presidente Obama frente a cada uno de los grandes asuntos mundiales, al Islam desde El Cairo, a los jóvenes rusos en la Nueva Escuela de Economía de Moscú y a África desde el parlamento de Ghana – decepciona observar la falta de concepto político hacia América Latina.
Recientes medidas hacia la región parecen reflejar más bien una preponderancia de intereses militares de Estados Unidos que políticas animadas por un espíritu de cooperación hemisférica. Porque, para América Latina, Estados Unidos no parece tener por ahora nada equivalente a las bases y propuestas adelantadas para otras regiones. El primer resultado es que el impacto combinado de acciones recientes ha enfriado expectativas iniciales puestas en una eventual nueva versión de la política del ‘buen vecino’ de Estados Unidos hacia la región. Contradicen esas expectativas la propensión de neutralidad mostrada por el Departamento de Estado tras el golpe de Estado derechista de Honduras y la posibilidad abierta por el presidente Uribe de una mayor influencia militar estadounidense en América del Sur.
En un continente en el que, en años recientes, la mayoría de los países han avanzado políticas pragmáticamente progresistas de centro izquierda y objetivos de integración regional, la política de Estados Unidos hacia América Latina se desdibuja en reforzados y conocidos moldes tradicionales. La sospecha es que la administración Obama no tiene un concepto de política hemisférica. La mencionada neutralidad del Departamento de Estado frente al golpe de Honduras así como la expansión del radio de vigilancia que significan las bases militares en Colombia parece concretar intereses fácticos del Pentágono. El resultado es que la esperada transición post-Bush de la era Obama muestra primeros indicios de desencuentros entre Estados Unidos y América Latina. Las propias organizaciones de integración regional – como Unasur en el caso de América del Sur debieran abogar y cuidar los significativos avances recientes de autovalencia mostrados por América del Sur en el contexto internacional. Y seguir la sugerencia del presidente Lula da Silva, de invitar al Presidente Obama al diálogo para profundizar las bases de entendimiento.